
Mi corazón se hunde bajo el peso de una pluma
porque es tonto y frágil y no sabe pedir ayuda.
Rezo porque un viento ligero la arrastre lejos
de mi territorio y mis sentimientos.
Pero la pluma constante parece haberse pegado a mis latidos.
A las fibras de la tristeza, a los nervios del llanto.
No se quiere mover de mi caverna de miocardio.
Ojalá pudiera soplar y provoar un vendaval de alaridos
que se llevara a la pluma a otro sitio.
Me duele el corazón, me duele la pluma,
me duelen las palabras que escribo,
pidiendo socorro, y ayuda.
Que alguien me salve del peso de la pluma.