Mis palabras se mecen
en el vaivén de mis pensamientos
y se asemejan a las olas,
que se mueven a voluntad de la madre Luna.
Dulce y apacible agua cristalina,
a través de tu esencia
puedo ver el mundo que en tu interior habita,
puedo conocer los misterios
que en tu dorada arena dormitan.
Marejada,
de sal y agua turbia,
rabieta de una niña encaprichada
que consuelo busca.
Acantilados, playas,
guijarros y rocas.
Contra ellos chocan las olas.
Náyades, Nereidas,
hijas del agua...
responded ante la madre Luna.
Responded ante los deseos
de esa diosa plateada